La bailadora

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Un poema de José Juan Tablada

 

 

¡Ardores, aromas y ritmos mantienes

en plural encanto y en prestigio vario,

y ardes y perfumas, en lentos vaivenes,

como un incensario!

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Peregrina.

Suave Patria

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Después de 202 años de Independencia, algunas estrofas de Suave Patria para recordar que López Velarde encontró palabras fuertes y tonos firmes para declarar la suavidad de la esencia de nuestra Patria.   Feliz Aniversario de Independencia ¡México lindo y querido!

Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.

¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no miró, antes de saber del vicio,
del brazo de su novia, la galana
pólvora de los juegos de artificio?

Trueno de nuestras nubes, que nos baña
de locura, enloquece a la montaña,
requiebra a la mujer, sana al lunático,
incorpora a los muertos, pide el Viático,
y al fin derrumba las madererías
de Dios, sobre las tierras labrantías.

Suave Patria: te amo no cual mito,
sino por tu verdad de pan bendito;
como a niña que asoma por la reja
con la blusa corrida hasta la oreja
y la falda bajada hasta el huesito.

Si me ahogo en tus julios, a mí baja
desde el vergel de tu peinado denso
frescura de rebozo y de tinaja,
y si tirito, dejas que me arrope
en tu respiración azul de incienso
y en tus carnosos labios de rompope.

Sé igual y fiel; pupilas de abandono;
sedienta voz, la trigarante faja
en tus pechugas al vapor; y un trono
a la intemperie, cual una sonaja:
la carretera alegórica de paja.

Cuando nacemos, nos regalas notas,
después, un paraíso de compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena y pajarera.

Peregrinando en la historia de mi suave patria,

Peregrina.

Sirena

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Tengo la convicción de que no existes
y sin embargo te oigo cada noche
te invento a veces con mi vanidad
o mi desolación o mi modorra
del infinito mar viene su asombro
lo escucho como un salmo y pese a todo
tan convencido estoy de que no existes
que te aguardo en mi sueño para luego.

Aguardar en los sueños, con la esperanza de que sí existe simplemente porque es anhelado.

El poema, de Mario Benedetti. La fotografía de la sirena con velo no sé quién la haya tomado; si alguien conoce al autor, agradeceré me diga su nombre.

Peregrina

Pintando con un lápiz amarillo

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Estas son unas líneas que encontré en un artículo de  “El Tiempo”  sobre una peculiar exposición en la Galería Casas Riegner de Bogotá.   Se titula el lápiz roto.  Realmente no logro comprender el punto de encuentro entre el título y la composición, pero si el autor, Fernando G. ha querido llamarla así, sus razones tendrá.   Lo mismo si ha querido usar verde para dibujar sus fantasías y terminar con azul para pintar sus ilusiones… Así lo ha decidido él y por ese simple hecho es bellísima. … … … Pero, ¿qué tal que a mi me hubiera gustado que fuera un lápiz amarillo? ¿Qué tal que en lugar de dibujar sueños propios, se me ocurriera tomar mis colores y dibujar la fotografía tomada por los ojos de otra persona? El lápiz puede ser de cualquier color, los sueños pueden ser propios o ajenos, la creatividad fluye y la autenticidad de los trabajos siempre será un hecho contundente, por más que sean copia del original que refleja fielmente los deseos de la sensibilidad del primer autor.   Las copias, siempre serán fieles a la creatividad de quien reutiliza el arte original.   La originalidad siempre estará presente en cualquier trabajo, sea el original o sea una copia infiel…

Sin más preámbulo auqí está El lápiz roto de Fernando G. y la fotografía de unos ojos anónimos que ha dejado de ser fotografía para pasar a ser mi dibujo con un lápiz amarillo y el azul del que no salen ríos sino cielos que en el original no se percibían.

 

 

“Usa un lápiz de color verde
Hay un jardín entre tus dedos
Hay un jardín detrás de tu oreja
Hay un jardín en tu bolsillo
Hay un jardín a tus pies

¿Cuántos ríos caben en un lápiz de color azul?”

A lo mejor otro día se me antoja pintar de rosado mi ventana azul … Tal vez… Aunque lo veo muy poco probable.

Peregrinando entre colores,
Peregrina.

No me beses… ¡Tú no sabes besar!

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Amado Nervo nos cuenta que es indecible lo que gozan las flores con el riego nocturno.  El otro día, a las doce, sobre el pétalo aterciopelado de una rosa, como sobre la tela de un estuche, ¡ahhh! radiaba aún una gruesa gota de agua.   Había pasado allí una buena parte de la noche, dejándose penetrar por la luna.

Un viento suave la balanceaba en su hamaca olorosa de seda.

Pero avanzaba la mañana, ya el meridiano, y una saeta de oro del arquero divino, hirió en pleno corazón a la gota, tocándola en chispa maravillosa.

“Tengo miedo, ¡ay!, tengo miedo. Siento que empiezo a evaporarme… ¡Oh sol, no me beses, por Dios! Tus besos hacen un espantoso daño.   Me penetran toda, me abrasan, me disgregan…   Yo no quiero deshacerme, no quiero volatilizarme…  ¡No quiero perder mi individualidad!…  ¿Entiendes, oh sol?  No quiero perder mi individualidad.

«Yo reflejo a mi modo la naturaleza.  Soy un pequeño ojo cristalino, muy abierto, que la ve, que la admira desde este nido de terciopelo, desde esta cuna suave y bienoliente.    Llevo ya muchas horas divinas de vida harmoniosa.   Durante buena parte de la noche he reflejado la luna.   He sido, ya una perla, un zafiro místico, ya una turquesa celeste.  Después, la bóveda se ha pintado de un amarillo suave, y yo me he vuelto topacio.   A poco el cielo se tiñó de rosa, y he sido rubí.   Ahora soy diamante.   Y cuando las hojas del rosal se miran en mi espejo para contemplar su traje nuevo, recién cortado en punta, me convierto en esmeralda.
»No me beses, ¡oh sol! No sabes besar: haces mucho daño. No eres como la luna. Ella sí que sabía besar blandamente: al fin, mujer. Tú te pareces a un hombre sanguíneo, tosco y premioso.

»¡Ay!, siento que me deshago, que me desvanezco, que me pierdo…

»Sí, comprendo que eso de la transparencia absoluta es una cosa muy buena; que ser parte de la atmósfera húmeda es cosa muy conveniente; que flotar, volar, es cosa muy apetecible. Comprendo también que un poco de frío puede condensar mi humedad, y entonces ser yo parte mínima de una nube de esas que he visto pasar por la mañana y que parecen cuentos y milagros… Todo eso, sin duda, es bueno. Pero yo dejaría de ser gota, de ser gotita diáfana y temblorosa que soy: esta gotita acurrucada en el pétalo de una rosa, ¡y no quiero perder mi individualidad!


»¡Ay! ¡Ay!, que daño me haces…, ¡oh sol! Ya no me beses, ya no me be…ses. Yo soy u…na gotita… de agua…, una lu…mi…no…sa go…tita de agua… sobre un rosa…, sobre una ro…»


Estas fueron las últimas palabras de la gotita trémula que brillaba sobre el pétalo de una rosa…

Es difícil confundirse entre la multitud, cuando se es una delicada y hermosa gotita de agua, como la gotita de la fotografía de Andrew Osokin.

Peregrina.

Pistis Sophia

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Más de dos mil años de antigüedad, rollos pertenecientes al Códices Egipcios-Coptos Cristianos.   Por alguna razón, cuando la religión oficial del Imperio Romano (350 D.C.) se convirtió en Católica, el Pistis Sophia fue retirado y ahora se lee como enseñanza de algunas comunidades africanas.

Fe Sabiduría, la traducción del griego Pistis Sophia.  Una recopilación de enseñanza que fue revelada por Jesús once años después de su resurrección, no sólo a sus discípulos, sino también a sus discípulas, incluidas María Magadalena, Martha y Salomé.

La Trilogía que presenta el  Pistis Sophia encierra no sólo la Sabiduría del Padre Divino y las enseñanzas del Hijo Divino, sino la calidad Divina del Espíritu Santo. El Espíritu Santo curiosamente enmarcado en en formas femeninas reales de la Madre Divina, la Madre Celestial, la Virgen de Vírgenes, María y María Magdalena.

El Pistis Sophia se compone de 5 rollos en los que se revela algo mucho más grandioso que un universo simplista de 3 niveles: cielo, tierra e infierno; describe el reino de Dios como una estructura compleja dividida en el primer espacio del Inefable, el segundo espacio del Inefable y el tercer espacio del Inefable. Otros reinos se describen como la Tesorería de Luz y las regiones de la “Derecha” y de la “Izquierda”.

Se habla mucho más que sólo de ángeles, se especifican varias Órdenes de Luz que habitan estos reinos espaciales. Es verdaderamente un tesoro de enseñanzas, pero sobre todo, un tesoro histórico que debiera ser estudiado por los teólogos al igual que los otros 4 Evangelios y presentados a toda la comunidad cristiana como textos que abren al conocimiento… no como una prohibición que encierra en la ignorancia.

Pistis Sophia, el lado femenino de los Evangelios.  Apócrifo, sí, en el más puro sentido de fabuloso.
Peregrina.

Si te interesa leerlo, aquí encontrarás un PDF Pistis Sophia

Aquí, Madrid, mil novecientos cincuenta y cuatro: un hombre solo

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Un hombre lleno de febrero,
ávido de domingos luminosos,
caminando hacia marzo paso a paso,
hacia el marzo del viento y de los rojos
horizontes -y la reciente primavera
ya en la frontera del abril lluvioso…-

Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo.

- Más tarde vendrá mayo y luego junio,
y después julio y, al final, agosto -.

Un hombre con un año para nada
delante de su hastío para todo.

Ángel González , poeta español siglo XX.

Domingo de viento intenso y marzo entreabierto.
Peregrina.

Las palabras se abren

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Octavio Paz deja un espacio entre sus palabras en el que se baila de puntitas al ritmo de sus silencios.

Decir Hacer

Entre lo que veo y digo,
entre lo que digo y callo,
entre lo que callo y sueño,
entre lo que sueño y olvido

La poesia
se desliza entre el sí y el no:
dice lo que callo, calla lo que digo,
sueña lo que olvido.

No es un decir: es un hacer.
Es un hacer que es un decir.
La poesia se dice y se oye:
es real.

Idea palpable,
palabra impalpable:
teje reflejos y los desteje.
Siembra ojos en las páginas,
siembra palabras en los ojos.

Los ojos hablan, las palabras miran,
las miradas piensan.
Oir los pensamientos, ver lo que decimos,
tocar el cuerpo de la idea.
Los ojos se cierran,
las palabras se abren.

Cierro mis ojos un instante, sólo por un instante

Peregrina.

Para ser “una niña buena”

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Mi abuela seguramente lo habrá leído pero, definitivamente … no era una niña buena!!!

Me encantaba que me contara la historia cuando, al ser descubierta por su padre, decidió comerse la carta que su novio le había hecho llegar de manera clandestina. Unas noches después, montó un caballo se fugó… Comenzó a escribir mi historia.

No soy una niña buena! ! !
Peregrina.

Eres todas las horas y ninguna

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Cuando las palabras envuelven nuestros sueños,
entonces nace la magia.  Voy en busca de un poco de color
a tierras en donde el barro es negro y la tinta de la cohinilla, morada.

Piedra de Sol
Octavio Paz

Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
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