Yoga al atardecer

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Sigo adelante y no pienso ni en las cien entradas que están atrás ni en las que pueden venir después. La energía que me mueve, la que es parte del universo al que pertenezco, la que fluye y se expande concentrándose en cada uno de mis pensamientos y me impulsa a desear, imaginar, hacer, transformar… siempre está y no cuenta cuánto hay, ha habido o habrá.

He descubierto una nueva forma de fluir con mi esencia y por eso agradezco profundamente a quienes están ahí para hacer que este camino sea posible porque, definitivamente, para que cada oportunidad se abra, es necesario que alguien acepte darle forma a un sueño.

Me siento parte del sueño de una mujer.  Un sueño que se hace realidad cada vez que acepto estar en él, cada vez que cada una de las personas que forman el grupo deciden estar.  Seguramente un día visualizó un grupo numeroso de personas moviendo energía en un espacio que ya en sí manifiesta tanto movimiento, entonces, un buen día se plantó en el espacio verde más visto de esta ciudad y comenzó a guiar en la experiencia del yoga a todo aquel que aceptara estar.

En ese proceso de aceptación y gozo me encuentro, nutriéndome del sol que tiñe de esplendorosos tonos al cielo que se transforma mientras se despide el día y saluda la noche, donándonos la luz intensa de la luna llena, la suavidad del brillo de Venus en medio a un cielo añil casi púrpura o nubes amenazadoras que regalan la abundancia de la lluvia.

Yoga significa unión. Ha sido bellísimo sentirme en contacto con la hierba bajo mis pies mientras levanto mis manos al cielo para tocarlo, tratando de ser consciente de mi respiración, del olor del mar que entra en cada inhalación y me hace sentir las limitaciones de mi cuerpo, sin dejar que me detengan, al contrario, tratando de llegar más profundo en cada intento. Es una experiencia muy enriquecedora sentir el movimiento a ritmos pausados en donde mi equilibrio se sostiene por la concentración de mi mirada en un punto del vacío que se abre delante… y me dejo llevar por la corriente de la energía que emana de todos los que aceptan la invitación a la práctica de āsanas o posturas.

Āsana debe ser firme y gozosa
el esfuerzo se vuelve no-esfuerzo
y se alcanza lo eterno
entonces las dualidades cesan

Vrksasana

Si vives en la Cancún, una ciudad en donde el Kilómetro Cero se abre en un jardín entre el mar y la laguna y quieres compartir lunes y miércoles de las 6:30 a las 7:30 de la tarde, trae tu tapete para yoga, gran deseo de fundirte con la experienciauna y una vela de citronella (los mosquitos siempre aceptan la invitación) .  Una fruta, una verdura, un poco de granos si así lo deseas, para retribuir la energía que se recibe.

Nâmaste,
Peregrina.