Maternidad

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Y un segundo después, nada es igual.   El pensamiento está pendiente, el corazón está observante.   Los sentidos se enfocan y los deseos se parten.    Como si el tiempo no se moviera cuando duerme, como si el tiempo se perdiera cuando se ofende, como si el tiempo se disolviera cuando sus manos que antes cabían en las mías ahora las envuelven y su sonrisa me dice «te amo» con su voz que crece y su mirada que nuca envejece…

Un hijo es el segundo que prevalece amorosamente en el tiempo que se desvanece.

Peregrinando en mi maternidad. . .