Teresa, Juana y Anäis …

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Filosofía femenina que difícilmente llega al centro del alma masculina. Obras de arte que se alinean con un pensamiento y sentimientos completamente atemporales. El alma femenina es eterna.

En los textos que siguen hay varios siglos de diferencia entre un y otro. Fueron escritos por tres mujeres que supieron expresar su sentir a pesar del entorno en el que vivieron y que recrean a la perfección los silencios que muchas mujeres en el Siglo XXI no expresan por temor a una sociedad que las manipula, a pesar de manifestar su apertura mental, igualdad social, respeto de géneros y paridad de derechos. Pamplinas. Pura faramalla, porque cuando se trata de hacer justicia, las mujeres tenemos poca voz y nulo voto, hasta en países que se jactan de ser “de primer mundo”.

Las imágenes son de Edmund Blair Leighton, pintor inglés influenciado tanto por el movimiento romántico como por la escuela prerrafaelista. 1852-1922

Vivo Sin Vivir en Mí
Teresa de Cepeda y Ahumada

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Contiene una Fantasía Contenta con Amor Decente
Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana
Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Ángela Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin Culmell
Diarios Amorosos
Fragmento del libro Incesto

Siento en demasía los alejamientos, los encuentros, las prolongaciones, los nuevos chispazos. Hay en mi cabeza un centro de control, todo diamantino, pero, cuando examino mis emociones, veo que se disparan en direcciones diferentes. Hay una tensión de superactividad, de superexpansión, el deseo de alcanzar de nuevo la cima gozosa que alcanzo con Henry. ¿Podré fundirme con Allendy? No lo creo, porque el mayor gozo, como Henry sabe ya, es intimidad, totalidad, pasión absoluta. ¿Cuántas intimidades hay en el mundo para una mujer como yo? ¿Soy una unidad? ¿Un monstruo? ¿Soy una mujer? ¿Qué me lleva a Allendy? La pasión por la abstracción, la sabiduría, el equilibrio, la fuerza. ¿A Henry? La pasión, la vida ardiente y desmedida, el desequilibrio del artista, la fusión y la fluidez de los creadores. Siempre dos hombres: el que es y el que ha de ser, siempre el momento alcanzado y el momento siguiente, adivinado demasiado pronto. Demasiada lucidez.

Noche de verano

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El silencio de esta calurosa noche, mientras mis hombres duermen y yo… Todavía quiero seguir despierta. Profundamente enamorada de ellos.

Ellos son como chocolate con pimienta roja y tinto amaderado. La exuberancia de la delicada complacencia; una exótica, resplandeciente combinación, que evoca tentaciones y desparrama solsticios en el tiempo que se desvanece en las sombras.

La vida, a veces, se hace esperar, se desvanece y se pierde o se esparce hasta explotar. Se transforma, sin darnos casi cuenta, nos absorbe y… La vida nos mata, poquito a poquito…

Sentir la vida que, en un de repente, empieza a existir dentro, ahí en donde el placer toma forma transformando el suspiro en latido y el gemido en palpitaciones, es experimentar el infinito, la inmensa sorpresa de la magia que se expresa, en silencio, escondida.

El tiempo pasa. Origen y consecuencia, dejan sus sueños acurrucados en el silencio de una noche que se disuelve con sabor de tinto amaderado y chocolate amargo con pimienta roja.

Y los amo profundamente.

Peregrinando en el sueño de una noche de verano. Mi sueño, mi noche, mi verano.

Decisiones…

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 La decisión correcta… Nunca se sabe. El flujo del tiempo es imparable.

Sea cual sea la decisión, siempre es la correcta, porque el tiempo se encarga de acomodar decisiones.

El shampoo

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Descubrí este poema de Elizabeth Bishop hace poco, fue leerlo y encantarme con la deliciosa cadencia en la que sus palabras acompañan la imaginación, esa forma en la que describe la aterciopelada y suave sensación de la caricia de una cabellera. El tiempo se detiene cuando los dedos se pierden entre sus hebras.

Silenciosas explosiones sobre las rocas,
los líquenes crecen
propagándose en grises, concéntricas descargas.
Han acordado reunirse con los anillos en torno a la luna, aunque
en nuestros recuerdos no han cambiado.

Y ya que los cielos nos servirán
durante tanto tiempo,
has sido, querida amiga,
precipitada y pragmática,
y mira lo que pasa. Pues el tiempo,
si algo es, es dócil.

Las estrellas fugaces en tu cabello negro
en brillante formación
¿adónde acuden,
tan resueltas, tan pronto?

Ven, déjame que lo lave en esta gran palangana de hojalata,
golpeada y lustrosa como la luna.

Mis cabellos están transformándose en rayos de luna que brillan y contrastan con los cobrizos que se niegan a desaparecer…  No quiero que desaparezcan, pero tampoco quiero teñir la blancura que despunta entre mis hebras castañas.  Tiempo, sé dócil…

Peregrina.

Llorar

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Recomiendo llorar siempre que no tengas palabras, para que tu espíritu ría cuando éstas te sobren.

Porque reírse con alguien es también una forma de decir que le amas.

Llorar libera el alma, cuando las palabras no logran expresar su verdadero sentir. Cuando es tanta la felicidad, también el alma llora, porque sólo ella sabe cuánto ha dolido llegar a esa felicidad.

Entonces, llorar es la manifestación más pura del sentir del espíritu y por eso, deberíamos tomarnos más en serio cuando un par de gotas recorren nuestro rostro.

 

Lágrimas.

Peregrina.

Luna

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La luna es… ¡Masculino!

Descubrir que mi referente femenino por excelencia es la representación masculina de la energía según la tradición árabe-romaní, ha sido … Desconcertante…

Luna… A sus pies he dejado secretos, sueños, anhelos, virtudes y pecados. Luna… Me sentido siempre tan identificada con sus ciclos, la influencia de su redondez y su lenta desaparición, para volver a surgir de la sombra.  No es fácil identificar como símbolo masculino, a un referente que es el femenino por excelencia en las tradiciones en las que me he formado. 

No es sólo eso. Ha sido también desconcertante escuchar que la Luna, según la tradición árabe, ¡no mengua! Siendo masculino, solamente crece, ¡siempre crece!

No puedo trasladar toda esa ideología a mi danza. No me siento cómoda pensando en que Luna es un elemento masculino que rige mi condición de bailarina, en la que manifiesto todo lo femenino que hay en mí. Al bailar, mi femineidad llega a su máxima expresión en cada uno de mis movimientos y se siente totalmente identificada con la redondez plena de la Luna llena y mengua y renace en los ciclos de la expresión de mis caderas cuando recorren círculos y semicírculos que la evocan.

Luna será para mí la manifestación más femenina de la luz en el cielo: la contemplación de su redondez llena mi semblante y me acojo a su presencia cuando la veo reinar plena y majestuosa en la infinita negrura del cielo nocturno. Luna me acuna cuando mengua, me desvela cuando resplandece y me hipnotiza cuando desaparece…

Definitivamente, me sigo identificando con la parte más femenina de la redondez de la luna y su encantador hechizo brillante.

Peregrina lunar.

Sombras

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No existiría la sombra si una luz no le diese vida,
así como no puede haber un suspiro si la evocación no lo alienta.
Desde lo más insensible hasta la membrana más dispuesta a vibrar
por la cercanía de tu aliento,
mi sombra se desvanece
cuando la tuya aparece y la cubre en tortuosas cadencias
que se transforman en tu obscura presencia penetrando mi sombra.

La luz…

Ese reflejo que se cuela
a través
de la ligera abertura que queda entre las cortinas
anunciando el rayo de luz que da vida a la sombra

y llega

para matar el manto de aterciopelada negrura que cubría nuestro lecho,
cuando tu aliento aún no se desvanecía entre el mío.

Buen día… Deliciosa sombra

Peregrina, entre deseos y placeres sostenidos.

Un secreto engarzado en el pecho

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Mientras el hombre andaba afuera, haciendo el mundo, la mujer, disipada por naturaleza, presenció -de manera casual, una escena de amor entre el cielo y la tierra.

Ambos, ruborizados, le pidieron a la mujer que, por delicadeza, jamás nombrara en palabras lo que acaba de ver.

Le otorgaron en cambio la danza más sutil, aquella que eternamente daría testimonio de un amor a prueba de todo. Entonces la tierra se le enredó en las caderas a la mujer y el cielo le engarzó un secreto en medio del pecho …
y así han pasado muchos, pero muchos muchos años.

Tradición oral Romani.

La consciencia en equilibrio

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Consciencia Social, debilitada y casi inexistente en nuestros días.  

Observo lo que sucede a mi alrededor y me pongo a pensar que tal vez sea que, cuando las palabras no forman parte de nuestro día a día, entonces podemos estar evitando también su significado. Si las palabras existen es porque, en algún momento, fueron necesitadas para expresar lo que se sentía, lo que se quería transmitir. Si no se usan más… ¿Será que ya no se está transmitiendo más su significado? Por lo pronto, consciencia-social es un par de palabras cuya esencia está en peligro de extinción.

Grande es mi curiosidad cuando escucho palabras extrañas y la necesidad de entenderlas es grande también. Cuando escuché Sofrología, su sonido me movió algo interno que me hizo ir a conocerla y me encontré con una esencia que no esperaba: la consciencia en equilibrio.


El sofrosine sería la puerta para conquistar la prudencia y la sabiduría, que, a su vez, nos llevará a un estado de calma y serenidad espiritual. Para llegar al sofrosine, la vía más adecuada es la palabra, el “terpnos-logos” que consiste en un hablar persuasivo, razonado y acogedor.

Hay una mezcolanza de todo, en donde todo existe pero nada se practica. Areté es la «excelencia» o prominencia en el cultivo de la elocuencia; la raíz etimológica del término es la misma que la de αριστος (aristós,’mejor’), que designa el cumplimiento acabado del propósito o función.

Es un concepto vago que implica un conjunto de cualidades cívicas, morales e intelectuales. Eso dice Carlos Schrader, cuando explica “areté”. El fin de la enseñanza era lograr la areté, que significa capacitación para pensar, para hablar y para obrar con éxito. La excelencia política y ciudadana de los griegos consistía en el cultivo de tres virtudes específicas: andreía (valentía), sofrosine (moderación o equilibrio) y dicaiosine (justicia): estas virtudes formaban un ciudadano relevante, útil y perfecto. A estas virtudes añadió luego Platón una cuarta, la Prudencia, con lo que dio lugar a las llamadas Virtudes Cardinales: la prudencia, la fortaleza y la templanza se corresponderían con las tres partes del alma, y la armonía entre ellas engendraría la cuarta, la justicia. En cierto modo, la areté griega sería equivalente a la virtus, dignidad, honor u hombría de bien romana.

Eudemonía (en griego, εὐδαιμονία, eudaimonia) o plenitud de ser es una palabra griega clásica traducida comúnmente como “felicidad”. Aristóteles lo entendió como ejercicio virtuoso de lo específicamente humano, es decir, la razón. El uso popular del término se refiere a un estado de la mente y alma, relacionado con la alegría o al placer.

Peregrina, entre palabras olvidadas

The Crystal ball, pintura de John William Waterhouse

Y ya…

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Más allá de todo lo que sucedió hoy,
todo lo que pasó frente a mis ojos,
como consecuencias de mis deseos,
circunstancialmente a partir de mis acciones,
casualmente impulsado por mis dudas,
inadecuado,
potencialmente peligroso…
Maravillosamente predestinado,
inaccesible y puntual.
Asombrosamente perfecto,
incorrectamente imperfecto…
Está el momento en el que cerré los ojos
y agradecí.
Y ya…

Una ventana del tiempo al tiempo

enero 28th 2017 Joyas de todos los días