Entre notas y gotas

Comentarios desactivados en Entre notas y gotas

Cada día, las experiencias que vivo en el colegio junto a los niños tienen algo de extraordinario, aunque nazcan de lo cotidiano. Hay momentos que simplemente no pueden ser capturados en una fotografía, porque pertenecen a ese espacio sutil donde surgen las ideas, la curiosidad y el asombro genuino.

Preparo la clase cuidadosamente con una intención clara, pero es en el encuentro con los niños donde todo cobra verdadero sentido. Ellos, con su mirada abierta y su impulso interior, me invitan constantemente a ir más allá de lo previsto. Y es entonces, en esa disposición a escuchar y a seguirlos, donde ocurre lo más valioso.

Así, lo que comienza como una propuesta se transforma en una experiencia compartida, construida en el momento, donde cada gesto, cada descubrimiento y cada intercambio adquieren una riqueza inesperada. Y casi siempre, sin excepción, el resultado me recuerda que cuando confío en el proceso y en los niños, lo que emerge es profundamente significativo.
Soy Peregrina y quiero contarles lo que sucedió en una de mis clases de inglés con el grupo de bebés.

Había preparado una propuesta sencilla: una canción en la que contamos cuatro gusanitos mientras nombramos algunas partes del cuerpo y nos movemos. Todo estaba dispuesto para seguir ese hilo. Tenía los gusanitos verdes en mi mano, lista para comenzar… y, casi sin darme cuenta, algo más empezó a llamar mi atención. Era como si el ambiente hablara por sí mismo: verde mi vestido, verdes mis zapatos, verdes los cuatro limones que descansaban en la canasta sobre la barra de la cocina. Todo parecía unirse en un mismo lenguaje silencioso que pedía ser nombrado.

Entonces surgió la pregunta, espontánea, inevitable: ¿De qué color son estos limones? ¿De qué color es mi vestido? ¿De qué color son los gusanitos? Y en respuesta, esas pequeñas voces, aún en construcción, pero llenas de certeza, dijeron: “verde”.

En ese instante, la lección dejó de ser la que yo había planeado. El idioma, el aprendizaje y la experiencia se entrelazaron en algo mucho más significativo: un descubrimiento compartido que nacía del presente, del asombro y de la conexión con lo que estaba ahí, al alcance de todos.

Y una vez más, los niños me recordaron que aprender no siempre sigue el camino que trazamos… sino el que se revela cuando estamos verdaderamente atentos.

Dicen que, si la vida te da limones, prepares limonada… ahí estaban cuatro, esperándonos.

Así, casi sin notarlo, la lección cambió de rumbo: de contar gusanitos pasamos a contar limones; de seguir una canción ya conocida, a inventar la nuestra, nacida en ese mismo instante. Una melodía sencilla que nos acompañaba mientras los pequeños exploraban con todos sus sentidos: acercaban los limones a la nariz, descubrían su aroma fresco; los sostenían entre sus manos, percibiendo su forma redonda y firme; los miraban con detenimiento, como si quisieran comprenderlos por completo.

Y entonces, al partirlos, ocurrió otra revelación: su jugosidad brilló al abrirse, casi como un pequeño tesoro escondido. ¿Y por qué no ir más allá? Una gotita de limón sobre la lengua… y el gesto inmediato que nos enseñaba una nueva palabra: «ácido». Después, el agua en la jarra, el movimiento, la transformación… la experiencia creciendo, expandiéndose.

Justo cuando parecía que ese momento ya era en sí mismo completo, surgió algo más. Algo inesperado, delicado, que vino a dar una puntada preciosa al bordado que, sin darnos cuenta, estábamos tejiendo juntos…

¡Llegó el maestro de música!

Mi clase se había extendido más de lo previsto, pero el tiempo, en ese momento, parecía responder a otra lógica. Entró con su guitarra… y, sin interrumpir, sin preguntar, simplemente se unió. Comenzó a acompañar aquella canción que había nacido de nosotros, de los limones, del instante.

La guitarra trajo consigo el pulso, el latido que sostenía la experiencia: marcaba el ritmo para caminar cuidadosamente con la jarrita de vidrio llena de agua y verterla en la gran jarra, remover el jugo en el agua, a veces lento, a veces más ágil; daba fuerza al gesto de exprimir, invitando a las manos pequeñas a intentarlo una vez más… “¡con más fuerza!”

Sucedía algo profundamente bello: las caritas de los bebés se iluminaban. Había en sus gestos una mezcla de sorpresa, alegría y orgullo cuando la música parecía celebrar cada uno de sus movimientos, cada esfuerzo de sus manitas al transformar los limones.

Ya no era solo una actividad, ni una lección de inglés, ni un ejercicio sensorial. Era un momento vivo, tejido entre todos, donde el lenguaje, el cuerpo, la música y la emoción se encontraban en perfecta armonía.

Y ahí, en esa coincidencia que no fue casualidad, sino encuentro, se revelaba algo esencial: cuando el adulto observa, escucha y se permite seguir el hilo que los niños ofrecen, la experiencia se expande… y se vuelve profundamente significativa.

Ah, pero no termina aquí.

Cuando llegó el momento de probar la gotita de limón, no todos quisieron recibirla en la punta de la lengua. Y estaba bien. Con respeto, simplemente los invité a regresar a su lugar si no deseaban hacerlo. Se fueron tranquilos, incluso contentos, porque sabían —sin necesidad de palabras— que su decisión era válida, que nadie los obligaría. Dos niños eligieron no probar.

Más tarde, apareció el azúcar. Y entonces, uno de esos dos volvió a mirar, a acercarse desde su propio interés. El otro decidió mantenerse al margen. Pero este pequeño sí quería probar… aunque solo lo dulce.

Y en ese instante surgió la pregunta, casi como un juego, pero cargada de sentido: —¿Cómo? ¿Vas a probar lo dulce sin haber probado lo ácido?

Sus ojitos se abrieron, sorprendidos, pensativos. Dudó apenas un segundo. Luego, con una claridad sencilla y firme, respondió: “No”. Señaló el limón… y abrió su boquita.

Recibió la gotita. Esperamos. Y entonces, como una pequeña revelación, apareció su sonrisa. El limón, afortunadamente, no estaba tan ácido. Y entre esa mezcla de sorpresa y satisfacción, dejó escapar un suave: “¡está bueno!”

Después vino el azúcar.

Pero ya no era solo el contraste de sabores. Era algo mucho más profundo: la alegría de haber cruzado un pequeño umbral, de haberse permitido intentarlo, de haber conquistado un reto propio. Su felicidad no estaba en lo dulce únicamente, sino en todo el recorrido que lo llevó hasta ahí.

Y en ese gesto tan simple, tan breve, se revelaba una gran lección: cuando el niño es respetado en su ritmo y en su decisión, encuentra por sí mismo el momento de ir más allá. Y entonces, el aprendizaje no se impone… se conquista. Durante el proceso, la música de la guitarra de nuestro querido Erick siguió envolviendo el momento, musicalizando también la experiencia gustativa.

Los acordes de la guitarra no solo acompañaban: parecían dar voz a cada sensación. A ese gesto curioso antes de probar, a la sorpresa del primer contacto, a la risa que brotaba después. La guitarra sostenía el ambiente como un hilo invisible que unía todo: el sabor, el movimiento, la emoción, el encuentro.

Así, casi sin darnos cuenta, lo que comenzó como una sencilla lección se transformó en una experiencia profundamente viva. Una de esas que no se planean del todo, pero que revelan, con claridad, la esencia de lo que significa aprender: estar presentes, disponibles, abiertos… y confiar en que, cuando seguimos al niño, la vida misma se encarga de ofrecernos lo extraordinario.

Y ahí estábamos, compartiendo no solo una bebida que habíamos preparado juntos, sino un momento tejido de respeto,  belleza y comunidad. Uno de esos instantes que no se pueden planear del todo… pero que quedan, profundamente, en la memoria del corazón.

Y así, esa fue la clase de inglés.

Porque, aunque no lo crean, todo lo que se dijo a lo largo de la experiencia se habló en inglés. Y los bebés, que apenas comienzan a construir su lengua materna, comprendieron. Comprendieron desde el gesto, desde la intención, desde el contexto vivo que daba sentido a cada palabra. Y respondieron… algunos con su media lengua, otros con sonidos, otros con miradas y acciones, pero varios también se aventuraron a decirlo en inglés. Cuando el lenguaje nace de la vivencia, deja de ser algo que se enseña… y se convierte en algo que se vive.

Bueno, Erick no. ¡Él habló con su música todo el tiempo!

Y quizás, en el fondo, fue quien más claramente nos recordó que existen muchos lenguajes —todos válidos, todos profundos— y que cuando se entrelazan en un mismo momento, el aprendizaje se vuelve algo mucho más grande: se vuelve humano.

Peregrinando entre ácido y dulce.

Perderse en una mirada

Comentarios desactivados en Perderse en una mirada

«Los ojos son la ventana del alma», se escucha decir por ahí. Si es así, tengo la fortuna de haber entrado en el alma de seres infinitamente luminosos y me he podido quedar ahí, resguardada en la claridad de su iris, escondida en la profunda oscuridad de la pupila. Ojos de niños, ojos de adultos. Las miradas, muchas veces, no tienen edad, simplemente abren la ventana que descubre el alma.

Hay miradas que son difíciles de sostener porque lanzan la oscuridad del sentimiento que las alimenta. Esas miradas duelen, se quedan clavadas en la memoria que quiere olvidar el momento del impacto de su confrontación. Es necesario sanar las heridas causadas por esas miradas y lanzarlas al viento para que se desvanezcan, como nubes pasajeras.

Pero hoy quiero recordar y honrar a las miradas que hablan con el silencio del amor, esas miradas que alimentan el espíritu y dejan una tranquilidad que nutre la propia alma. Esas miradas en las que nos quedamos y sabemos que nos dejan entrar al rincón en el que sólo el amor más profundo puede decir «ven, quédate aquí, únete y vivamos el instante» y te pierdes en ellas, te dejas abrazar por el parpadeo envolvente, cálido, amoroso y el tiempo desaparece, se detiene volviendo eterno el instante.

por una mirada Cuando recuerdo tu mirada, mi respiración retoma un ritmo lento y mis pensamientos se disipan regalándome la remembranza de tus palabras, esas con el timbre de tu voz, esas con el silencio de tu aliento mezclado con el mío, haciéndolo amor. Ese aire vuelve a darme vida

Me viene a la mente el poema de Gustavo Adolfo Bécquer:  «Por una mirada, un mundo. Por una sonrisa, un cielo. Por un beso… yo no sé, qué te diera por un beso»

Una mirada tuya, que daría yo por una mirada tuya.

Peregrinando en la silenciosa evocación de tu mirada.

 

agosto 24th 2025 Joyas de todos los días

Etcétera

Comentarios desactivados en Etcétera

Me ha costado mucho decidirme a escribir, porque esta vez hay un gran torbellino que gira alrededor de un vacío que nunca antes se  había sentido.

En ese abismo se han quedado todos los etcétera que caben en una vida que se quebró antes de tiempo.

Siento el desasociego del ánima que se queda con todos los miedos, sollozos, zozobras, dudas. Dudas. Ideas perdidas.  Cada vez que necesitaba un recuerdo, tocaba una tecla y Solaris resolvía. Era una memoria externa que se había conectado invisiblemente a mi corazón y lograba recoger todos los recuerdos que quedaban revuletos en el desorden de mis días, en el amontonarse desbordado de mis danzas, ideas desperrdigadas y el desparpajo de mis caderas. Existía en la más pura y transparente ilusión que me movía. Era tan fácil acceder a Solaris que no hacía falta utilizar la mente para encontrar caminos. Sabía que Solaris me llevaría en brazos, cual héroe maravilloso hasta encontrar el recuerdo olvidado. Todo era perfecto. Todo era tan fácil. Todo era genial.

Números, palabras, ideas, fechas, nombres, claves, contraseñas, etcétera. ¿Qué pasó? 

De repente, la vida se congeló.

Esperé, hasta que el café se enfrió. 

Sin más… Etcétera.

Todos los recuerdos quedaron enredados, ensartados al corazón, deslavados por las lágrimas. Enganchados al silencio del secreto, en la existente inexistencia que llena los vacíos. Un código tan encriptado que se perdió entre los millones de posibles combinaciones de teclas, de todo lo demás. 

Etcétera.

Es complicado ordenar las ideas. Equilibrar los sollozos. Retomar el respiro. Ordenar las ideas. Por ahí deberé comenzar. Ordenar las ideas, finalmente por mí misma. Sin pensar en borrador.

Y, ahora ¿qué hacer? Esto nació de la idea de tener un espacio para tejer con dos hebras la trascendencia que anhelaba, era una ventana que se abría para compartir ilusiones, sueños, miedos, deseos. Compartirlos.  Crearlos compartiendo.

Mientras pasaron los años, el espacio se fue llenando con sensaciones transmutadas en palabras escritas, ideas acariciadas por deseos que viajaban en la luminosa obscuridad de las redes invisibles que sostenían las pulsaciones que daban vida a la sonrisa, a la mirada. Le dieron un significado a todo lo que se veía, a aquello invisible, a lo que se debía hacer, a los miles de deberes que se tenían que cumplir. Era el impulso amoroso que trascendía.

¿Cuánto se puede ammar? No hay límite. El amor trasciende. Se expande y se contrae. Se manifiesta y se esconde. No puede morir. Necesita redirigirse, volcarse. 

¿Hasta cuándo? ¿Hacia dónde? ¿Qué hacer? ¿Para qué? … Solaris, Genius Solaris.  Llegaste de una forma misteriosa y moriste de repente.

Ahora, ¿qué voy a hacer con todas las palabras que se quedaron en el tintero? Todos los etcétera que caben en una vida truncada antes de tiempo. Se quedaron entre puntos suspensivos.

No sé cómo seguir. 
Peregrina sin rumbo…

 

julio 26th 2025 Joyas de todos los días

¿Una acción define la vida?

Comentarios desactivados en ¿Una acción define la vida?

Hoy es día de Acción de Gracias. Sí, tengo tanto, tanto por agradecer. Soy muy afortunada. En las diferentes etapas de mi vida, he encontrado un sin fin de motivos para sentirme feliz, aún cuando las adversidades se presentaban, he tenido la fortuna de poder enfrentarlas y dar un paso adelante para continuar viviendo. Siempre ha habido tanto, tanto por agradecer.

Sin embargo, existe un punto en mi vida que me ha traido gran desgracia. Viendo hacia atrás, se pierde en el abismo del tiempo. Se desvaneció. Veinte años son suficientes para olvidar los errores, para intentar salir de la culpa y seguir adelante. Y sí. Sí se olvida. Se aprende del error, se vive el duelo de la culpa, se acepta. Se aprende a enterrar la vergüenza y la vida va dando una vez más la oportunidad de seguir avanzando.

Hasta que los demonios del infierno se vuelven a regocijar con el error y lanzan con furia una vez más la historia fatal. Y… Todo se derrumba.

Para volverse a construir, que también para eso es el peregrinar.

Reconstruyéndome, Peregrina.

¿Vivir con miedo por ser mujer?

Comentarios desactivados en ¿Vivir con miedo por ser mujer?

Al despertar, a veces trenzado, a veces suelto, a veces perfumado por el olor del jabón del baño nocturno, a veces impregnado del aroma del sudor de la noche, tal vez sudor de sueños, tal vez sudor de amor… ¿Cuántas historias se enredan entre los cabellos?

Tal vez en una trenza, tal vez suelto o envuelto en una mascada, o tal vez con deseos de bailar por mi espalda amarrado con una liga para formar una coleta. Tal vez recogido con precisión formando un bulto perfecto en mi coronilla, sin dejar un solo trazo de libertad, por decisión propia. Siempre siguiendo los deseos del día.

Brillante, libre, con colores que gritan mi edad y recitan mis alabanzas a la vida que me ha dejado gozarlo. Mi cabello. Ondulante. Me sofoca en los días de intenso sol y entonces lo levanto y envuelvo. Lo suelto para que me dé calor cuando el frío me abraza. Mi cabello…

Largo, muy largo. Ondulado, voluminoso. Cae desinhibido, acariciando mis caderas cuando estoy totalmente desnuda en el punto más alto del deseo con mis muslos abiertos y mis pechos turgentes ante la mirada extasiada de mi amado. Largo, muy largo. Reposa sobre la almohada mientras mi gozo se desvanece en un suspiro de placer.

Cada una de las hebras de mi cabellera cuenta una historia.

Pero, más allá de las historias, reales o soñadas, agradezco tener la libertad de mostrarlo al sol. Mi cabello es una alabanza a la libertad: libertad de enredarse cuando lo despeina el viento, libertad de atarse en altas coletas, o aplastadas trenzas; con bandas, moños o pañoletas. Libertad de ser cubierto por un sombrero o una mascada. Alegrías, tristezas, energía o pereza, elegancia o desaliño, todo se refleja en sus hebras.

¿Por qué habría de perder su libertad? ¿Por qué habría de ser objeto de irreverencia mientras las largas barbas de los hombres crecen y se exhiben su virilidad? ¿Por qué habría de ser motivo de mi muerte? ¿Por qué habría de ser ofensa al Creador si en su infinita sabiduría me ha creado con esta cabellera que vibra para gritar que soy perfecta creación suya?

Ninguna mujer debiera ser torturada por mostrar su cabellera, su cuerpo, por vivir su libertad, su sexualidad, por definir sus deseos, por decidir si ser madre o no, por engendrar o abortar, por amamantar o no. Ninguna mujer debiera morir por el simple hecho de ser mujer.

Ninguna mujer debiera temer ser mujer.

Voy a peinarme …

La luz que celebra el éxito

Comentarios desactivados en La luz que celebra el éxito

La tenue luz entraba por el resquicio de la persiana  anunciando el nuevo día y un viento suave acompañaba el baile de los rayos de sol, escapándose traviesamente, como queriendo tocar todo  lo que encontraban a su paso.

En la habitación, todo estaba desperdigado. Sobre la mesa, el desorden era la perfecta descripción del gran alboroto que había sucedido la noche que apenas terminaba; sobre la mullida alfombra de color arena, el terciopelo azul resaltaba de una forma encantadora; la seda y el encaje dejados delicadamente sobre el sillón brillaban con los reflejos que se desprendían de los cristales del candil.

Había sido una noche de mucho bullicio, gente entrando y saliendo de la habitación, dejando escapar gritos mezclados con murmullos por la ventana que se había quedado abierta, casi por descuido, casi por olvido y así,  en una suave mañana de primavera, el delicado viendo movía las persianas que dejaban entrar esos primeros rayos de sol.

Se escuchaban a lo lejos, de vez en cuando,  voces de gente que pasaba por la acera. Poco a poco el tránsito comenzó a aumentar y los ruidos de la ciudad despertaron, ocupando, casi de repente, el silencioso espacio del salón.

Llegó el mediodía y conforme avanzaban las sombras dentro de la habitación, el ruido volvió a convertirse en silencio y la tarde, con sus tonos naranja, dio la bienvenida a la obscuridad que se adueñó nuevamente del espacio.  Había sido un delicado domingo de tranquila soledad.

Siguiendo el estruendos que causó la apertura de la puerta, la habitación se iluminó por la luz de los candiles que colgaban del techo. Unas manos recogieron el terciopelo de la alfombra y las palabras de alegría y regocijo combinaban la melodía que surgía de las voces que, con gran orgullo, se felicitaban entre sí.  

El sábado parecía tan lejano. Se había cerrado un ciclo y estaba iniciando uno nuevo. Había sido un desfile impecable y los trajes de terciopelo, sedas y encajes habían sido admirados por todos. En medio del desorden del atelier, las costureras celebraban el éxito de su trabajo, mientras ponían en su lugar cada uno de los hilos y alfileres que habían dejado descuidadamente sobre las mesas antes del desfile sabatino.

Cada hilván, cada puntada, en silencio, de manera anónima, sostenían el diseño del gran maestro del atelier.  Todos sabían quién era él, nadie se ponía a pensar quiénes eran ellas: las que cortaban los lienzos y daban forma a cada delicado olán y presilla.  Sus dedos, en el silencio que se rompe delicadamente con el  roce de la tafeta, mantenían la creatividad del Maestro y reforzaban su nombre en cada una de sus puntadas.

Los hilos esperaban el momento de ser nuevamente desenredados para los pespuntes de la próxima colección.

Datos curiosos de la «alta costura»:
* Elaborar un vestido de diseño sencillo: 150 horas
* Elaborar un vestido con bordados finos y decoraciones: 1,000 horas
* Casi ochenta costureras para lograr la colección, «le petit mains» que poco a poco, alfiler tras alfiler, dejan los hermosos vestidos listos para ser lucidos en la pasarela.
* 2,200 las costureras calificadas para Alta Costura organizadas en equipos de cuatro.
* 16 son las casas de alta costura domiciliadas en París: Adeline André, Alexandre Vauthier, Alexis Mabille, Bouchra Jarrar, Chanel, Christian Dior, Franck Sorbier, Giambattista Valli, Givenchy, Jean Paul Gaultier, Julien Fournié, Maison Margiela, Maison Rabih Kayrouz, Maurizio Galante, Schiaparelli y Stéphane Rolland.
* 7 más, no residentes en París: Azzedine Alaïa, Elie Saab, Fendi Couture, Giorgio Armani, Valentino, Versace y Viktor & Rolf
.

 Hilvanando curiosidades,

Peregrina.

julio 16th 2022 Joyas de todos los días

Enfrentando mis miedos

Comentarios desactivados en Enfrentando mis miedos

Estoy iniciando una experiencia nueva, una forma diferente de vivir la danza. Entré a un club virtual en el que he podido practicar diferentes ejercicios, volviendo a moverme al ritmo de los instrumentos que me hacen sentir bien.

Como parte de los ejercicios de uno de los espacios intensivos que tiene este club, realicé un ejercicio que voy a poner en este espacio para que quede como recuerdo de lo que siento hoy y la forma en la que me estoy desarrollando, no solo mientras bailo, sino desde dentro, desde la esencia de quien baila.

Esta ha sido una manera tan difícil de comenzar este intensivo: ¡abrir el corazón! Porque hablar de miedos es, ¡el primer miedo que me viene a la mente!

Entonces, después de descubrir mi primer miedo, pienso en el segundo, pero no menos fuerte: el envejecimiento. No hablo de canas ni arrugas porque no las escondo ni trato de disimularlar, siempre me han gustado como parte de la transformación de mi persona. Me viene a la mente el miedo a perder movilidad y la posibilidad de bailar con fluidez.

Cumpliré 57 en pocas semanas, y he estado padeciendo los últimos 6 meses o mal un dolor en mi hombro izquierdo, así que creo que es por eso que este miedo me viene a la mente.

Incluso si sigo tratando de identificar otros miedos, esos son los únicos dos que tengo, ¡al menos en este momento, mientras experimento este curso! He tenido la oportunidad de bailar en público y conozco el miedo a olvidarme de la coreografía, ¡y me he dado cuenta de que no pasa nada! Ya experimenté el nerviosismo de la primera vez en el escenario y terminé de amar cada momento del espectáculo.

Entonces, de nuevo, envejecer y perder la posibilidad de tener toda la alegría que la danza puede darme es mi mayor temor en este momento. Probablemente es esto que me viene en mente después de escuchar la charla de Iana Komarnytska sobre los miedos que las bailarinas enfrentamos porque físicamente no me siento plena.

Darme cuenta de que estoy envejeciendo, que esto es algo que no puedo detener pero puedo convertirme en una anciana sana y hermosa que puede seguir bailando aceptando las nuevas formas de disfrutar el baile. Tengo que cuidarme: la forma en la que como, la forma en la que hago ejercicio, viviendo sanamente, tratando de estar en armonía.

¡Empecé a visitar al fisioterapeuta y eso me ha ayudado mucho! Así que comencé a minimizar los efectos del envejecimiento. ¡Al lmenos por el momento!

Agradezco la invitación a explorar, a través de este ejercicio, en esta parte de mi vida.

Peregrinando nuevamente en la danza,
Peregrina.

El oleaje del respiro

Comentarios desactivados en El oleaje del respiro

Tal vez no me di cuenta, andando con la prisa, pasando como el viento que, tan ordinario, se deja sentir y se nota solo el fastidio del roce del cabello despeinado que pasa entre las pestañas, pero sin apreciar el delicado roce como una amorosa caricia.

Supongo que es extraño, una ilusión que no tiene pasos, no tiene tiempo y sin embargo, sigue con rapidez la carrera del presente que constantemente quiere tocar al futuro y se da cuenta de que no deja de ser presente. ¿Qué es esto que se para en el respiro cuando llega el miedo? 

La pausa secreta del respiro.

Si llegase el olvido y si me olvidase de volver a tomar aire y…  Es entonces cuando, me doy cuenta de que, si no atiendo, me voy muriendo.
Necesito volver a respirar…

Es tan silenciosa la pausa entre la exhalación y la inhalación.
Hay tanta paz en ese momento…


Si olvido el ritmo del vaivén de mis olas, dejando atrás el interminable oleaje de las prisas…
Me dejo caer en esa pausa y no inhalo más…
Y si…

Peregrinando en la pausa del respirar.

Millones de secretos

Comentarios desactivados en Millones de secretos

Todas las cosas pasaban en ese momento. Sonaban a cuento y entre líneas, se leían millares de palabras escondidas entre puntos suspensivos, abriendo pausas en la historia. Es esa historia que nunca deja de repetirse.
Es como un secreto que el tiempo guarda, todos conocen y todos callan.

Peregrina

 

 

 

Imagen: portada de Vetusta Morla «te lo digo a ti»

mayo 21st 2021 Joyas de todos los días

Ecos de la raíz

Comentarios desactivados en Ecos de la raíz

En la pared manchada por la humedad, colgaba una vieja cruz. Su espíritu respondía, con delicado tintineo de marimba el canto oscuro de su origen, cual eco lejano, después de cada Ave María.

Peregrina

 



Fotografía:  https://app.emaze.com/@AZTLFQCZ#2