Bailarina por excelencia

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Danza todo a nuestro alrededor… el viento, las nubes, las hojas de los árboles, las ramas, la ropa que tendida deja en el viento que la acaricia su olor a limpio, las cortinas de las ventanas que abiertas dejan entrar el compás de la vida que fluye en un vaivén armonioso, rápido o lento, dependiendo del humor del momento. Danza el Universo entero y el ser humano no puede dejar de compartir el ritmo que se escucha en los silencios y estruendos de los mil rincones que lo conforman. Sin embargo, hay seres que llegan a la perfección de la armonía, a la cumbre de la delicadeza, precisión y equilibrio. Son seres que imponen su propio ritmo y lo hacen guía para quienes los observan y de ellos aprenden, son partituras en las que la vida misma escribe sus notas para que las interpreten espíritus libres que se manifiestan con movimientos que encierran belleza y elegancia que los rinde únicos e irrepetibles.Así fue, por ejemplo, Ana Pavlova, que a principios del siglo XX revolucionó el mundo del ballet con su gracia y estilo de hada etérea que marcaba precedentes para las generaciones que le siguieron. Les invito a ver estos fragmentos de película de la bailarina en los que se puede apreciar la gracilidad y elegancia de cada uno de sus movimientos, la dulzura de sus posiciones y la destreza con la que se desliza por el piso sobre sus puntas en pies extremadamente arqueados.

La belleza del movimiento delicado y sutil unida a la fortaleza de sus piernas, que, como rocas, la sostenían sin doblegarse jamás.

Era el invierno de 1931 y Anna Pavlova pasaba sus últimos días realizando una gira en La Haya, Países Bajos.  Unos días antes de cumplir 50 años,  la pleuresía  acabó con su danza.   Murió con la misma pasión con la que vivió, su último deseo fue ser vestida con el traje para La muerte del cisne, y sus últimas palabras fueron:

Tocad aquel último compás muy suavemente”.

Un día después, el espectáculo fue programado con un solo proyector que iluminaba al escenario vacío donde debería estar la bailarina.

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