Perderse en una mirada

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«Los ojos son la ventana del alma», se escucha decir por ahí. Si es así, tengo la fortuna de haber entrado en el alma de seres infinitamente luminosos y me he podido quedar ahí, resguardada en la claridad de su iris, escondida en la profunda oscuridad de la pupila. Ojos de niños, ojos de adultos. Las miradas, muchas veces, no tienen edad, simplemente abren la ventana que descubre el alma.

Hay miradas que son difíciles de sostener porque lanzan la oscuridad del sentimiento que las alimenta. Esas miradas duelen, se quedan clavadas en la memoria que quiere olvidar el momento del impacto de su confrontación. Es necesario sanar las heridas causadas por esas miradas y lanzarlas al viento para que se desvanezcan, como nubes pasajeras.

Pero hoy quiero recordar y honrar a las miradas que hablan con el silencio del amor, esas miradas que alimentan el espíritu y dejan una tranquilidad que nutre la propia alma. Esas miradas en las que nos quedamos y sabemos que nos dejan entrar al rincón en el que sólo el amor más profundo puede decir «ven, quédate aquí, únete y vivamos el instante» y te pierdes en ellas, te dejas abrazar por el parpadeo envolvente, cálido, amoroso y el tiempo desaparece, se detiene volviendo eterno el instante.

por una mirada Cuando recuerdo tu mirada, mi respiración retoma un ritmo lento y mis pensamientos se disipan regalándome la remembranza de tus palabras, esas con el timbre de tu voz, esas con el silencio de tu aliento mezclado con el mío, haciéndolo amor. Ese aire vuelve a darme vida

Me viene a la mente el poema de Gustavo Adolfo Bécquer:  «Por una mirada, un mundo. Por una sonrisa, un cielo. Por un beso… yo no sé, qué te diera por un beso»

Una mirada tuya, que daría yo por una mirada tuya.

Peregrinando en la silenciosa evocación de tu mirada.

 

agosto 24th 2025 Joyas de todos los días