La primavera

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Qué mejor ocasión para poner esta joya que el Equinoccio de Primavera.

No quiero decir que Sandro Boticelli fue un genio del Renacimiento Italiano y que en cada uno de sus cuadros plasmó la belleza de su amante, Simonetta; esa es una historia que se lee en todos los espacios en los que se publica esta imagen. Tampoco quiero centrarme en que es una alegoría basada en la mitología griega donde Venus toma el trono central, adornada por una aureola con la vegetación la “madre naturaleza” y Cupido volando traviesamente por ahí, aprovechando la oportunidad para lanzar una de sus flechas directamente hacia “Castitas” una de las ninfas que acompañan a Venus.  Céfiro, el viento, persiguiendo a la ninfa Cloris que apenas acariciada por Céfiro (deseoso de poseerla completamente) comienza a crear flores con su aliento y sobre su vestido, al perder su virginidad se transforma en Flora, diosa de la vegetación y de las flores. El elemento erótico del baile de las Tres Gracias, vestidas con telas transparentes, sutiles, insinuantes:Voluptas, Pulchritudo y  Castitas. El dios Mercurio como unión entre la tierra y el cielo aparece a la izquierda del cuadro. El Amor que surge en la tierra mediante la pasión (representada por la actitud de Céfiro) y regresa al cielo como contemplación (la de Castitas hacia Mercurio y la de éste hacia el cielo). Esto para un neoplatónico es lo mismo que decir que el amor carnal no es el verdadero (así desaparece al tocarlo, igual que Cloris), sino que debe convertirse para que sea real, en un amor contemplativo, espiritual e idealizado (platónico), ¡uy! también lo leemos en varias páginas de libros de arte y en páginas del la red.

Prefiero quedarme con la belleza del movimiento de las líneas de los cabellos de las mujeres (me encantan sus peinados), la pureza del trazo que encanta a la vista e invita al amor.  Al amor carnal que se une al espiritual, al que crea, al que hace que la Vida florezca en cada orgasmo maravilloso y explote en un grito floreal de primavera.  Me quedo con el amor que Botticelli debió sentir por Simonetta para inmortalizarla en el tiempo rodeada de la vida de primavera.

Se me antoja tanto bailar al ritmo de Jesse Cook y su Danza de Primavera.  Bizarra combinación de tiempos y espacios, ritmos y colores.  No aparece la imagen, pero si le das click te lleva a Youtube y abre la rumba.  El violinista es intenso… respetando el lugar del artista pero marcando su propio espacio, ¡me encanta!

Floreal y renovada,

Peregrina.

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