Nubes a la deriva, continentes
sonámbulos, países sin substancia
ni peso, geografías dibujadas
por el sol y borradas por el viento.
Cuatro muros de adobe. Buganvillas:
en sus llamas pacíficas mis ojos
se bañan. Pasa el viento entre alabanzas
de follajes y yerbas de rodillas.
El heliotropo con morados pasos
cruza envuelto en su aroma. Hay un profeta:
el fresno -y un meditabundo: el pino.
El jardín es pequeño, el cielo inmenso.
Verdor sobreviviente en mis escombros:
en mis ojos te miras y te tocas,
te conoces en mí y en mí te piensas,
en mí duras y en mí te desvaneces.
Octavio Paz
La enredadera crece y cubre todo lo que la rodea, con sus delicados troncos abraza las ramas de los árboles que la sostienen y ofrece su sombra a las hierbas que buscan cobijo. La vida se expande y extiende su belleza abriendo al sol cada uno de sus pétalos que, al contacto de la caricia matutina, susurran «te amo» y le regalan su color a nuestros ojos.
De la belleza del Maestro Paz a la belleza del azul tenue y delicado de las flores de mi jardín en esta mañana de junio…
Desear sin codiciar, prepararme sin perder la frescura de la espontaneidad, ese momento en el que la creatividad aflora a través de las circunstancias que el tiempo me regala.
Sé lo que tengo que hacer y voy en el camino hacia esa meta, pero disfrutando de cada uno de los pasos que doy, sin prisa pero sin pausa, hasta llegar a donde tenga que llegar.
Hay fragmentos de la vida que son perfectos,
o casi perfectos…
De repente, falta una pequeña pieza que deja el momento inconcluso… pero no deja de ser inmensamente bello. La perfección del imperfecto perfeccionable.
Caprichos del paisaje, necesidad del deseo de perfección que caracteriza a los grandes soñadores, que buscan en la realidad, un reflejo de la utopía de sus pensamientos más luminosos.
No tengo la pieza…
pero puedo inventármela…
casi perfecta…
Siempre perfeccionable…
El té de jazmín que perfuma mis labios ahora, hace perfecto este instante.
Peregrina.
Sentir. La tierra que gira porque siente
el espacio estrellado. Y el mar y el mundo
y el minúsculo tallo de la hierba.
Sentir el tiempo cayendo gota a gota,
desesperadamente.
(¿Qué siente mayo, qué siente el calor verde?)
Sentir la lluvia y su tambor de piedra
y la naranja en su planeta solitario
lleno de aromas amarillos.
Sentir más cerca, dentro y fuera del cuerpo,
con lo que queda en él de nuestros padres;
oír sus voces llamándose en la nuestra.
(¿Qué siente la nube en la ventana
cuando los ojos la detienen?)
Sentir. Los astros más y más se redondean
gravitando en sus azules sentimientos.
Sentir, sentir a pesar de la ciudad,
contra los vahos de su anestesia,
con la infancia que aún corre por la sangre,
con la magia del sueño;
apartar de la carne sus viejos bueyes de opio
hasta que se despierten.
Bellísimas las palabras del poeta venezolano Eduardo Montejo. El calor verde de mayo… ¡Qué originalidad para describir algo que generalmente imaginamos del color del fuego! ¿Qué siente mayo? Calor de primavera en plenitud. Calor para sentarse a contemplar y sentir la belleza verde de mayo.
Gracias a Alfredo Algargos por la imagen del pintor William Reynolds «Verano».
El córnico es una lengua celta que fue substituida por el inglés a partir del Siglo XVIII. Esta es una plegaria celta cuyos orígenes se pierden en el tiempo, rescatada por Medieval Baebes
Agan tas-ny us yn nef
benygys re bo dha hanow
redheffo dha wlascor
dha voth re bo gwres
y’n nor kepar hag y’n nef
ro dhyn-ny hedhyuus ow camwul er agan py-ny
ha na wra agan gorra yn temptasyon
mes delyrf ny dyworth drok
rag dhysoiy yu an wlascor
ha’n gallos
ha’n gordhyans
ys vyken ha bynary
Our father which art in heaven
hallowed by Thy name
the kingdom come
Thy will be done
in Earth as it is in Heaven
give us this day our daily bread and forgive us our debts as we forgive our debtors
and lead us not into temptation
but deliver us from evil
for thine is the kingdom
and the power
and the glory
for ever and ever
Comentarios desactivados en Cabeza del cielo सगरमाथा
Sagarmatha… me gusta la musicalidad que tiene esta palabra Sa-gar-ma-tha … ¡Cómo se les pudo ocurrir cambiarle el nombre a una montaña que había sido recorrida por la vista, los pies, las vidas de tantos y tantos Sherpas que habían existido bajo su protección por tiempo impensable! Renombrarla en honor al primer topógrafo occidental que la «conquistó» con la ayuda, por supuesto, de algunos sherpas que quedaron olvidados por la historia.
En algún lugar leí esta frase de Charles Chaplin «Me gustan mis errores, no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme»
Veo a la vida como el escenario en el que interpreto mi propia obra, los errores son los ensayos en los que pongo a prueba mis capacidades y talentos, a veces gano, a veces me equivoco y pierdo. Estoy en la maravillosa aventura de escribir y editar mi vida. Mi propia obra es el proceso de búsqueda que me permite llegar a Ser humano.
Maravillosa frase que me afirma lo que ya sentía como un proceso correcto. Soy libre para equivocarme y está bien gozar el momento del error. Recorro el camino hacia mis sueños y soy libre para equivocarme mientras los realizo, libre para equivocarme y también para reconocer mis errores sin que mi mente se convierta en un purgatorio de pensamientos que me reprochen por el error. Libre para volver a intentarlo sin dejar de ser yo, única e irrepetible.
Decir lo siento, pedir disculpas, lamentar de corazón ante los que pudieran sentirse heridos por mis errores no cambiará el pasado pero definitivamente me hace tomar consciencia de que si bien mis actos afectan a los demás, también los demás comparten la maravillosa carrera en la vida donde deberán descubrir estrategias para lidiar con mis errores y sus consecuencias. Reconocer el error me levanta nuevamente en el vuelo, libre para seguir con una sonrisa en el corazón.
No es soberbia, simplemente agradezco la libertad que se me ha concedido para equivocarme e intentarlo, una vez más, Peregrina.
La manifestación del espíritu en un cuerpo que desaparece en cada movimiento para dejar la expresión total de los sentimientos. El intérprete vacía por completo su ser para dejarse transportar en el éxtasis de la danza.
Butoh es una danza en la que el bailarín desnuda su cuerpo y expone su esencia en la totalidad de la expresión. Desnuda su cuerpo enfatizando el despojo de sus ropas con el blanco que cubre su piel. En cada actuación, el bailarín se funde con la música o con el silencio y en sus movimientos se mimetiza con el espacio. Pausas y movimientos relajados, como si fuera a desvanecerse o bien figuras que parecen romper el cuerpo desfigurado en movimientos intensos y contorsiones absurdas. Nada que tenga lógica o vaya de acuerdo con los movimientos armónicos del ballet u otras danzs. El Butoh nace en un Japón destrozado por explosiones nucleares, recrea las imágenes de cuerpos dolidos por el fuego nuclear, de espíritus que no entienden la obscuridad y el silencio después de la explosión ensordecedora. Como todo arte, crea y se recrea, matizándose con las culturas que lo adoptan.
Diego Piñón, el bailarín que hemos apreciado en este video, es el director del Centro de Entrenamiento Butoh Ritual Mexicano en Tlalpujahua, Michoacán. Durante una entrevista manifestó que «Las academias de danza y teatro deben considerar a la danza Butoh como un complemento para la proyección espiritual del artista, sobre todo porque en las condiciones en que Mexico está desarrollándose hay un material infinito para cada ser y su expresión”.En esta semana que dedico a la danza y a la literatura, me quedo con el silencio de los movimientos de Diego Piñón.
¿Qué es el sueño si no el deseo de conectarse con el destiempo de nuestra alma? Peregrina en la noche.
El ritmo es preciso, cada paso conciso y el cuerpo sigue a la perfección los acordes que marca la energía del conjunto, la danza que se crea es de una belleza electrizante.