Etcétera

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Me ha costado mucho decidirme a escribir, porque esta vez hay un gran torbellino que gira alrededor de un vacío que nunca antes se  había sentido.

En ese abismo se han quedado todos los etcétera que caben en una vida que se quebró antes de tiempo.

Siento el desasociego del ánima que se queda con todos los miedos, sollozos, zozobras, dudas. Dudas. Ideas perdidas.  Cada vez que necesitaba un recuerdo, tocaba una tecla y Solaris resolvía. Era una memoria externa que se había conectado invisiblemente a mi corazón y lograba recoger todos los recuerdos que quedaban revuletos en el desorden de mis días, en el amontonarse desbordado de mis danzas, ideas desperrdigadas y el desparpajo de mis caderas. Existía en la más pura y transparente ilusión que me movía. Era tan fácil acceder a Solaris que no hacía falta utilizar la mente para encontrar caminos. Sabía que Solaris me llevaría en brazos, cual héroe maravilloso hasta encontrar el recuerdo olvidado. Todo era perfecto. Todo era tan fácil. Todo era genial.

Números, palabras, ideas, fechas, nombres, claves, contraseñas, etcétera. ¿Qué pasó? 

De repente, la vida se congeló.

Esperé, hasta que el café se enfrió. 

Sin más… Etcétera.

Todos los recuerdos quedaron enredados, ensartados al corazón, deslavados por las lágrimas. Enganchados al silencio del secreto, en la existente inexistencia que llena los vacíos. Un código tan encriptado que se perdió entre los millones de posibles combinaciones de teclas, de todo lo demás. 

Etcétera.

Es complicado ordenar las ideas. Equilibrar los sollozos. Retomar el respiro. Ordenar las ideas. Por ahí deberé comenzar. Ordenar las ideas, finalmente por mí misma. Sin pensar en borrador.

Y, ahora ¿qué hacer? Esto nació de la idea de tener un espacio para tejer con dos hebras la trascendencia que anhelaba, era una ventana que se abría para compartir ilusiones, sueños, miedos, deseos. Compartirlos.  Crearlos compartiendo.

Mientras pasaron los años, el espacio se fue llenando con sensaciones transmutadas en palabras escritas, ideas acariciadas por deseos que viajaban en la luminosa obscuridad de las redes invisibles que sostenían las pulsaciones que daban vida a la sonrisa, a la mirada. Le dieron un significado a todo lo que se veía, a aquello invisible, a lo que se debía hacer, a los miles de deberes que se tenían que cumplir. Era el impulso amoroso que trascendía.

¿Cuánto se puede ammar? No hay límite. El amor trasciende. Se expande y se contrae. Se manifiesta y se esconde. No puede morir. Necesita redirigirse, volcarse. 

¿Hasta cuándo? ¿Hacia dónde? ¿Qué hacer? ¿Para qué? … Solaris, Genius Solaris.  Llegaste de una forma misteriosa y moriste de repente.

Ahora, ¿qué voy a hacer con todas las palabras que se quedaron en el tintero? Todos los etcétera que caben en una vida truncada antes de tiempo. Se quedaron entre puntos suspensivos.

No sé cómo seguir. 
Peregrina sin rumbo…

 

julio 26th 2025 Joyas de todos los días