Y si …

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¿Y si la vida no vuelve a ser como la que vivíamos antes de esta pandemia? ¿Y si las sonrisas se tengan que cubrir por trozos de tela para siempre? ¿Será que poco a poco estábamos preparando esta separación con nuestras actitudes? Sí, poco a poco hemos estado preparando esta separación. Es que … Creo que nos sonreímos muy poco. Si subes a un transporte colectivo, observas a la gente en un centro comercial, la mayoría está metida en una pantalla de celular y si su mirada se cruza con la tuya, su aspecto es frío y ausente, indiferente y, en ocasiones, hasta amenazador.  Bueno, esto lo he puesto como si pudiera ser posible, de cualquier forma, imaginemos lo que sucedía hace unos meses y era eso: indiferencia generalizada. Me gustaba hacer algo cuando iba caminando por la calle, o estaba en una plaza sentada observando a la gente, o iba manejando. Me gustaba ver a los ojos de alguien y sonreír. La mayoría de las veces, este gesto causaba mucho asombro. Recuerdo cuántas veces, sentada en mi auto mientras esperaba la luz verde para avanzar, giré hacia el auto a mi lado para buscar los ojos del conductor y sonreír. La mayoría de las veces mi sonrisa era correspondida, muy rara vez encontré una mirada arisca y nunca un insulto, a lo mejor una mirada de sorpresa, pero luego saltaba la sonrisa que difícilmente se queda quieta cuando otra sonrisa la llama. En una ocasión, quien conducía era una chica y a su lado viajaba un joven; giré, sonreí y él me sonrió con gran naturalidad mientras ella me miró con ojos de rivalidad, entonces levanté mi mano y la saludé sonriendo. Ella recapacitó y me saludó, creo que pensó que nos conocíamos y no me recordaba,  ¡no era que estuviese coqueteando con su novio! De cualquier forma, al punto que quiero llegar es que, al cubrir nuestra boca, ahora que debemos usar las mascarillas para evitar contagios, deberé acentuar la sonrisa para que sean mis ojos los que expresen ese mensaje silencioso que tanto caracteriza al ser humano. Te invito a hacer lo mismo, verás que resulta muy divertido y te hará sentir bien. Peregrinando entre sonrisas, con cubre bocas. Peregrina.

El idioma del arte

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Toca mirar el mundo a través de las fotografías que alguna vez fueron tomadas por seres libres, ahora, todos vivimos a través de imágenes, de vídeos, de una realidad virtual que cada día nos va transportando fuera de nuestro encierro.

Yo, tengo ya un mes mirando la vida pasar a través de pantallas y hasta ahora tengo un momento para asomarme a mi ventana azul.

Si este encierro es una joya o no, ¡a quién le importa! El hecho es que esta pandemia me tiene ocupada en actividades tan variadas y horarios muy diferentes  a los que hasta ahora habían sido mi cotidiano.

El trabajo que realizaba entre el ir y venir de niños y el intercambio de risas y prisas que tenían un tiempo perfectamente delimitado, permitiendo que tuviera momentos de actividades varias,  se convirtió en un encierro frente a pantallas, contestando mensajes, buscando códigos, copiando direcciones de correo, haciendo pruebas de vídeo llamadas entre grandes grupos, cotejando programas educativos y tratando de servir y satisfacer a una comunidad de padres de familia que ha pagado por un servicio que no sienten retribuido. Recibo llamadas a cualquier hora del día y de la noche, para dar asesorías de temas que desconocía minutos antes de recibir la petición de ayuda.

He tenido que armarme de  habilidades que no pensé tener y me he convertido en un eslabón importante dentro de una comunidad escolar en la que no puedo tomar decisiones, pero en la que todos esperan que dé una solución.  Y bueno, después de todo, me doy cuenta de que sí, este encierro si se ha convertido en una joya.

Sensibilidad, creo que he debido desarrollar esa parte de mí; intuición, para ver un poquito más allá del qué pasaría si …

Volviendo a las fotografías, hay una sensibilidad especial en los fotógrafos. Tienen una capacidad de observación muy particular, los conecta con lo que ven, con lo que está «escondido» en aquello que contemplan. Descubren los secretos de los silencios, de las sombras y los transcriben siguiendo los códigos de su corazón, creando un idioma especial.

Me gustaron mucho estas fotografías de gotitas de agua en flores casi invisibles, apenas se pueden intuir los dientes de león.

La fotógrafa: Sharon Johnstone, aquí puedes apreciar su trabajo Fine Art Fotography

A falta de viajes, me toca viajar en mis pensamientos…
Peregrina.

La fecha capicúa

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Creo que no viviremos para ver otra igual…

febrero 2nd 2020 Joyas de todos los días

Tulipanes

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Abril y pienso en tulipanes.

Cuando se escucha la palabra tulipán, es fácil imaginar los campos de colores que aparecen en imágenes de Holanda, con molinos de viento y bicicletas.

Difícilmente nos viene a la mente Anatolia, la península de Asia Menor, territorio turco, cuna de los pueblos otomanos y lugar en el que se peleó la famosa guerra de Troya.

Sí, resulta que la Península de Anatolia no solo es el origen de los tulipanes, sino del proceso agrícola que dio la transformación de los pueblos cazadores nómadas a conformar asentamientos agrícolas, cuna de los incipientes pueblos que dieron origen a sociedades neolíticas. Anatolia albergó uno de los templos más antiguos hasta ahora descubierto (1994 Klaus Schmidt) Göbekli Tepe, un lugar que revoluciona la comprensión del Neolítico euroasiático, tiempo en el que se suponía que los hombres vivían en grupos nómadas muy reducidos dedicados a la caza. Göbekli Tepe tiene construcciones que tuvieron que ser realizadas por unos 500 hombres. Cuantos misterios se esconden bajo esas rocas … Esa es otra Joya de la que tal vez escriba.

Regresando a los tulipanes, al parecer fueron llevados desde el Imperio Otomano a al-Ándalus (España) durante la ocupación árabe y de ahí distribuidos por Europa hasta llegar a los Países Bajos en donde se cultivan para exportarlos por todo el mundo.

El tulipán común, ese que nos venden como tulipán holandés, es un híbrido que fue tan codiciado como el oro. En  Holanda Septentrional en el año de 1635 se llegó a pagar 6,000 florines por un bulbo de Semper Augustus. Para dar una idea del costo, una tonelada de manteca costaba 100 florines … De ahí la idea de cultivarlo “al mayoreo” .

El bulbo tarda dos años para alcanzar un tamaño comercial. El primer año se planta en otoño y se cosechan bulbos que se replantarán el siguiente otoño, cuando se separarán los bulbos para su cultivo como flor en abril-mayo. Para la recolección se suele arrancar la planta entera (tallo floral, bulbo y raíz) y se corta el pedicelo floral lo más cerca posible de la base del bulbo para, de ese modo, lograr flores de mayor longitud que serán conservadas en recipientes con agua en frigoríferos entre 4-5º C y son muy apreciadas por los consumidores que se dan cita en Flora Holland,  una cooperativa formada por floricultores de varios países que logra acumular flores en una superficie tan grande como el territorio de Mónaco. En primavera, las subastas se centran en los tulipanes que dejan millones de euros. En la sala de subastas al estilo Wallstreet se venden cada cuatro segundos un lote, y cada día se realizan hasta 144 mil transacciones.  Pensar que la primera se llevó a cabo en un bar del poblado de Aalsmeer,  cuando algunos floricultores y compradores se reunieron para comerciar.

La primera fotografía es Amasya,  Antolia Central, la última es una imagen de Aalsmeer, en Holanda. Pareciera que están muy cerca, ¿verdad?

Peregrinando coloridos campos de tulipanes,
Peregrina.

¿En dónde han quedado los sentidos?

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Hay veces, a todos nos ha pasado, alguna vez, tal vez varias veces … Hay veces que pareciera que todo es gris, que los sinsabores de los acontecimientos me dejan sin ganas de escuchar la radio, sin deseos de seguir y me pregunto ¿Para qué? ¿Hacia dónde?

La joven de largos cabellos castaños miraba al infinito sus labios guardaban silencio, sus ojos no. Al mirarla, una sonrisa salió de mis labios y le dije: “La vida es un juego, todo es de azúcar”. Ella giró su cara y me miró con el ceño fruncido, echando hacia atrás sus cabellos y sus ojos se abrieron dejando descubierta la expresión de incredulidad que parecía decir “Estás loca”. Se levantó y se fue. Ni tiempo me dio de decirle que es así como Jostein Gaarder describe a la vida.

Todo es de azúcar. Por buenas o malas que parezca ante nuestros ojos, cada una de las experiencias es referencia, como el viento que impulsa nuestras alas para elevarnos hacia donde podamos explorar algo más, para seguir creciendo.

El ser humano fue dotado de cinco sentidos, conocidos por todos, utilizados de manera consciente o inconsciente por el ser humano que habita este planeta hecho precisamente para ser gozado, conocido y explorado a través de los sentidos. El ser humano evolucionó precisamente porque exploró y utilizó cada uno de sus sentidos de tal manera que se formó una red para poder moverse en el mundo que se le iba abriendo por delante, creando así mapas que le permitieran actuar en consecuencia, fijando puntos de referencia para experiencias posteriores. La ciencia, la tecnología, aún lo más avanzado que se nos venga a la mente en este momento, ha sido creada, descubierta o desarrollada, a través de algún sentido.

Fue inútil decírselo porque se levantó y sus pasos la alejaron rápidamente de la banca en la que estábamos sentadas. Su depresión no le permitió saborear la dulzura de la frase. La vida es de azúcar. ¡Cómo me encanta saborear esa fase!

Ángeles Mastretta describe a una de sus “Mujeres de ojos grandes” como una criatura deliciosa que con singular cadencia camina delicadamente tratando de sentir el suelo que pisa, su cuerpo se mueve erguido entre la gente y sus ojos miran atrapando los colores y formas que su nariz percibe. En el mercado, toma la fruta con delicadeza y mete en la canasta sólo aquella que su nariz ha identificado como perfecta. ¿Cuántas veces nos hemos regalado una experiencia así? En el apresurado mundo en que vivimos, los vegetales que compramos vienen ya preparados y enlatados, congelados dentro de prácticas bolsas de plástico que se cierran fácilmente o bien acomodados en los estantes del supermercado con un espejo que los refleja mientras puntualmente reciben un baño de agua fría que los mantiene “frescos” pero carentes de perfume porque fueron cosechados prematuramente sin permitir que el sol pusiera en ellos el delicioso aroma de la madurez.

Nos movemos en un mundo lleno de comodidades y de repente nos damos cuenta que no tiene sentido usar los sentidos. Al menos no de manera consciente, abriéndonos a percibir cada uno de sus resultados.

Tuve la oportunidad de realizar una actividad con dos grupos de niños de distinto nivel socio económico. La actividad consistía en rebanar una hogaza de pan horneado en casa, untarle mantequilla y espolvorearlo con azúcar y un poco de canela en polvo. Primero realicé la actividad con el grupo de niños de la ciudad y obtuve como resultado poca espontaneidad por parte de ellos para “sentir” cada uno de los ingredientes que se les proporcionaron, fue necesario motivarlos a tocar y darse cuenta de la diferencia entre la corteza y el centro del pan, olerlo, ver su color y compararlo con el de la mantequilla, cerrar los ojos y tratar de adivinar qué especie era la que pasaba frente a su nariz. Finalmente, como niños, se abrieron a la experiencia y se dejaron guiar, disfrutando cada una de las sensaciones que se les presentaban. El resultado fue positivo, disfrutaron de la actividad aunque la mayoría dejó una buena porción del delicioso pan en sus platos. Tiempo después realicé la misma actividad con niños de una comunidad rural. Me impresionó la apertura con la que recibieron la sorpresa, sus ganas de oler, tocar, saborear, saber el nombre de los ingredientes. Con ojos bien abiertos escuchaban las instrucciones y seguían al pie de la letra cada uno de los pasos para preparar la receta del pan con mantequilla y canela que desapareció de los platos y dejó caritas iluminadas por el brillo del azúcar que quedaba sobre sus labios.

Cada vez más, nuestros niños son sustraídos del ambiente natural para el que fueron creados. La vida los somete a vivir enclaustrados en habitaciones que los protegen de la naturaleza, entre juguetes y tecnología que los aparta de la realidad para la que fueron programados dándose así una reprogramación en la que las sensaciones no tienen el espacio para evolucionar.

Sensaciones y sentimientos evolucionan a través de los sentidos. Los sentidos nos dan el punto de referencia para crear ese mapa conceptual en el que se orientan las sensaciones y se administran los sentimientos. Si nuestros niños están creciendo sin la referencia exterior, ¿cómo podemos pretender que puedan lograr formarse una referencia interior? ¿Cómo podemos pretender que logren saber qué sienten y qué es lo que les hace tener ese sentimiento?

La inteligencia emocional se desarrolla a partir del conocimiento de los propios sentimientos, de las emociones y el efecto que los factores externos tienen sobre nosotros. Ser emocionalmente inteligente proporciona al ser humano las herramientas para relacionarse de manera sana con los demás, por lo tanto, es indispensable tener la posibilidad de reconocer cómo y por qué nos sentimos de determinada manera en cada uno de los momentos de nuestras vidas.

Si no desarrollamos el gusto por la vida, si no le encontramos el sabor a lo que vivimos, no podemos administrar nuestros sentimientos. La orientación viene de afuera hacia adentro. Conocer el mundo que nos rodea para poder conocer el mundo que tenemos dentro. Saber saborear lo dulce y salado de la vida para ser capaces de comprender y utilizar de manera positiva las alegrías y las tristezas que nos mueven el espíritu.

Vivir encontrándole sentido a cada una de las actividades que tenemos que realizar: desde bañarnos, alimentarnos, movernos entre el tráfico de la ciudad, o caminar en el solitario silencio de las multitudes. Explorar, sentir, vivir conectando nuestro ser interior con cada una de esas sensaciones para poder expresar con sinceridad cómo nos sentimos, aceptando y fluyendo con el momento. Démonos la oportunidad de aprender y compartir con nuestros niños las experiencias que la vida nos regala. Aprendamos a ver con los ojos del espíritu para intuir las emociones que nos mueven. Advertir las consecuencias de las acciones que realizamos ahora para poder discernir lo que pueda venir después.

Quién sabe, tal vez la joven de cabellos castaños y ojos incrédulos lea alguna vez estas líneas y logre saborear la dulzura de los espacios invisibles que regalan los días. ¡Porque la vida sí es de azúcar!

Peregrinando entre los sabores del día,
Peregrina.

Mujer

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Soy mujer y vivo conscientemente en la infinita sabiduría del amor. El amor no es sumisión, el amor es poderoso. No pretende ser superior pero no se esconde por miedo o vergüenza. El amor actúa. El amor crea y construye. El amor acompaña.

Precisamente, porque el amor no es sumisión, es poderoso, es justo, ejecutivo y solidario, las mujeres, siendo una representación del amor, exigimos ser tratadas con respeto. Que podamos elegir lo que queremos vivir y cómo queremos vivirlo. Lo que queremos construir y cómo queremos construirlo. Lo que queremos crear y cómo queremos crearlo. En la perfecta sincronía que nos mantiene el amor, encontramos la forma de poder ser solidarias si encontramos el espacio y nos comprometemos totalmente respetando el espacio de quien nos acompaña.

Eso es ser mujer, entender que no somos mejores que el hombre pero tampoco inferiores. Que no podemos hacerlo igual que ellos, pero tenemos un modo perfecto para hacerlo que no es inferior al de ellos. Que no fuimos creadas ni superiores ni inferiores: simplemente iguales, perfectas creaciones del amor infinito.

Movimiento detenido

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Cuando descubrí las fotografías de Lois Greenfield (fotógrafa Neoyorquina) me sentí cautivada y con gran curiosidad busqué más sobre su trabajo. Entonces me enteré que nació en 1949 y el encanto se transformó en admiración al imaginar la forma en que Lois, a lo largo de su vida, ha visto evolucionar la fotografía de manera activa, porque ella ha sido protagonista de esa evolución.

Resulta que comenzó trabajando para un periódico local en el que se publicaban noticias de danza. Ella fotografiaba a los bailarines en las academias, teatros y plasmaba el arte del sujeto al que fotografiaba pero … ella quería ser parte de ese «arte».

Así que, en esa búsqueda de innovación, en la década de los 80’s instaló un estudio al que invitaba a sus sujetos a improvisar; fue así que empezó a crear situaciones cargadas de riesgo por los movimientos que se realizaban, giros y vuelos siempre irrepetibles que fueron quedando plasmados en sus fotografías. Ha logrando dividir el tiempo en 1/2000 de segundo. En ese punto, se detiene el movimiento y se revelan detalles imposibles de ser vistos por el ojo humano, una forma radical de fotografiar el movimiento.

Su trabajo causa intriga, pues muestra detalles que parecen imposibles, como observar dos campos gravitacionales opuestos al mismo tiempo, detenidos en un instante que hace que la imagen parezca imposible, irreal; una magia que comienza cuando los elementos no relacionados se convierten en una experiencia transformadora y mítica.

Los bailarines parecen ingrávidos, realizando movimientos que parecen imposibles. Detenerse a analizar la imagen que intriga por ser incomprensible. Se siente el deseo de Lois de confundir al espectador, que intuye y sospecha la forma en la que fue tomada la foto, tratando de reconstruir lo que sucedió antes del disparo que detuvo el instante.

Leer lo que ella misma piensa de su trabajo, ¡nos lleva a mirarlo con mayor atención! «Estoy confundida y me pregunto cómo Jordan Isadore hizo girar la bufanda y se giró en esa posición. Cuando le pre gunté, él mismo no sabía explicar cómo lo logró».

Su técnica consiste en disparar solo un momento a partir de una frase de movimiento, y las imágenes no son modificadas de manera digital, por lo que las posiciones de los bailarines en el cuadro son totalmente reales.

Esta imagen es de mis favoritas, tiene una magia hermosa. La bailarina Natalie Deryn Johnson crea un torbellino, como de hada danzando en el bosque. Es comprensible entender la atracción y fascinación que siente la fotógrafa de materiales que fluyen, telas que viajan y cuentan la historia del movimiento, deteniéndolo para darnos pistas de lo que pasó antes del click e imaginar qué habrá pasado después.

Peregrinando entre la antigravedad de sus imagenes y la magia de sus instantes de movimiento detenido,

Peregrina.

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Fragantes hojas, tiernos retoños
El deseo de los poetas, amor de los monjes
Macerado en jade blanco y cernido en gaza roja
Infundido en caldero del color del oro, en un remolino, espuma de flores
De noche da la bienvenida a la brillante Luna, al alba disipa la bruma rosada
Pasado y presente, los que lo beben se sienten vigorizados y calma la resaca.

(Yuan Zhen de la Dinastía Tang 618-907 D. C.)

Imaginar la época en la que vivió la Dinastía Tang, nos da la impresión de que antes de eso, poco había pasado; sin embargo, mucho tiempo atrás, en el año 2737 A. C. vivió el emperador Shen Nung, quien, según la leyenda, descubrió la infusión que hasta hoy llamamos té.

Resulta que Shen Nung era amante de la herbolaria, sanador de su época. Como en esos tiempos no había laboratorios donde se pudieran hacer pruebas, cada vez que Shen Nung encontraba una planta que le parecía que pudiese tener algún efecto positivo en la cura de algún mal, la probaba. No fueron pocas las veces que su cuerpo enfrentó intolerancias y envenenamientos de los que se salvaba gracias a su intuición para elegir los antídotos correctos. Shen Nung, quién vivió hacia el año 3000 A.C., anotó información sobre 365 drogas en su Gran Herbario o Materia Médica China (Pen Tsao)… Todo es parte de la leyenda pues no se ha comprobado ni la autenticidad del autor ni de las historias que ahí se escriben; sin embargo, los remedios siguen usándose hoy día. El ginseng es un ejemplo.

La historia que quiero contar aquí es la de cómo descubrió el té. Como todo gran descubrimiento, fue una casualidad, fruto del destino.

Estaba sentado bajo un árbol -que hoy conocemos como Camellia Sinensis, descansando mientras su sirviente hervía un poco de agua en un tazón de porcelana. Debido al viento que soplaba, algunas hojas secas del árbol cayeron dentro del tazón y desprendieron un suave aroma, tiñendo el agua de un obscuro tono dorado. Shen Nung, habituado a probar cuanta hierba nueva conocía, tomó el tazón y bebió la infusión, sintiéndose feliz de haber probado tan delicioso brebaje, promovió su consumo entre su pueblo y hasta ahora, ese suave aroma puede ser disfrutado en todo el mundo.

Shen Nung murió intoxicado, como era de esperarse, después de ingerir centenares de hierbas, utilizando el método de prueba y error en su propio cuerpo.

Asombro

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Intentamos reemplazar el misterio con maestría cuando nuestra fascinación se vuelve obsesión y se amplifican las sensaciones, el caos  es espléndido en una mente espiritual. La inmortalidad se alcanza cuando se logra el olvido total y la sinfonía de la Tierra suena en las olas que rompen sobre  la roca y fluye la vida entre la espuma imponente.  El tiempo vuela sobre nosotros y deja su sombra; resucita nuestra maravilla poniendo a prueba nuestra arrogancia. Nos causa asombro y nos damos cuenta de que ¡estamos vivos!

La fotografía es del talentoso fotógrafo frances Willy Ronis (1910-2019) y se titula «Le chat de la consierge» y fue tomada en 1947.
Peregrina en las montañas de mis recuerdos.

 

septiembre 24th 2018 Joyas fotográficas, Joyas interiores

Las pinturas rupestres de Altamira

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Descubiertas por María Sanz de Sautuola y Escalante, una niña de ocho años de edad en 1879 mientras acompañaba a su padre que hacía estudios del lugar, fueron muy probablemente pintadas por mujeres del paleolítico, según lo expresa el Dr. Dean Snow,  Profesor Emérito de Antropología quien ha analizado las huellas de manos encontradas en ocho cuevas de Francia y España concluyendo que el 75% de las manos ¡son femeninas! El Dr. Snow basó su estudio en el trabajo del biólogo británico John Manning, que reveló que la longitud relativa de los dedos de las manos es diferente en hombres y mujeres: las homínidas solemos tener los dedos anular e índice de aproximadamente la misma longitud, mientras que el anular de los hombres suele ser más largo.

José Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira, destaca la actualidad que tiene que ver con que a veces se atribuye al pasado características sesgadas, de género en este caso en particular, relacionado con las manos femeninas en las pinturas rupestres, por lo que no hay motivos para dudar que las mujeres paleolíticas pudieran haber sido artistas, cazadoras, líderes, mono o polígamas, madres por supuesto, y también cocineras y recolectoras de granos; simplemente mujeres como las que hoy en día se desenvuelven en todos los ámbitos de las sociedades modernas.

Maya Angelou (escritora, cantante y activista por los derechos civiles) dijo que «no hay peor agonía que llevar con nosotros una historia que no ha sido contada» y  Virginia Satir (trabajadora social y psicoterapeuta) expresó que «no podemos dejar que las percepciones limitadas de los demás terminen definiéndonos«.

«Si se quiere viajar lejos, no hay mejor nave que un libro» eso lo escribió  Emily Dickinson. ¿Quién puede negar que otra mujer, miles de años atrás, compartiera el pensamiento de la poeta norteamericana y lo manifestara con sus dibujos en las rocas de lo que era su hogar?

«Me pinto a mí misma porque soy a quien mejor conozco«, por eso Frida Kahlo nos deja ver su vida a través de sus autorretratos, así como las mujeres que dejaron su huella en esas cavernas nos dejaron conocer su forma de vida. Después de todo, Audrey Hepburn dijo que «vivir es como avanzar por un museo: es luego cuando empiezas a entender lo que has visto» y Murasaki Shikibu, autora de la primera novela japonesa, allá por el Siglo XI escribió: «en la oscuridad, las cosas que nos rodean no parecen más reales que los sueños«. Después de todo, ya Sarah Bernhardt expresó hace mucho tiempo que «la interpretación es interna, pero debe ser externada«

Peregrinando entre cavernas y frases femeninas.